La evaluación formativa. Una mirada desde la realidad del aula.
Desde hace ya varios años, la política educativa en nuestro país ha señalado el tránsito hacia una evaluación de carácter formativa. Hoy la Nueva Escuela Mexicana (NEM) puntualiza una marcada diferencia entre los conceptos de evaluar y calificar, estableciendo que la evaluación debe partir del reconocimiento de la diversidad de los alumnos, acompañarlos en el proceso de aprendizaje y sobre todo retroalimentar los aprendizajes. Además se deja atrás el enfoque punitivo y clasificatorio de los alumnos para centrarse en la mejora de los procesos de desarrollo de los estudiantes. De igual forma la evaluación se concibe como parte fundamental de todo el proceso educativo y no únicamente como la parte final.
Sin embargo, en la realidad cotidiana en la aulas, el buscar implementar una verdadera evaluación formativa exige que los docentes dediquen mayor tiempo tanto para el diseño de instrumentos cualitativos, elaboración de rúbricas, registro y análisis individualizado de resultados, como para el seguimiento y retroalimentación de los alumnos. Esto se complica si además el docente tiene que atender entre 30 a 40 alumnos, o varios grupos en caso de la educación secundaria.
Aunado a estas dificultades, cabe señalar la escasa oferta de formación continua para los docentes por parte del sistema educativo que les permitan aprender las competencias profesionales tendientes a comprender el enfoque formativo de la evaluación: observar los procesos, registrar e interpretar evidencias y sobre todo tomar decisiones pedagógicas fundamentadas para la mejora de la enseñanza y el aprendizaje.
Reconocer estas y otras dificultades no significa tener que regresar a otros enfoques evaluativos menos complejos. Se requiere que los docentes se apropien e introduzcan gradualmente en su práctica a la evaluación formativa de manera realista: instrumentos de evaluación formativa sencillos, establecimiento de criterios de evaluación claros y retroalimentación constante hacia sus alumnos.
De igual manera corresponde a las autoridades educativas generar las condiciones institucionales que promuevan la evaluación formativa: resulta indispensable el acompañamiento por parte de los directivos, asesores y supervisores en lo pedagógico con el fin de identificar las áreas de oportunidad en la práctica, así como el establecimiento de espacios para el diálogo, la colaboración y la reflexión con otros docentes con el fin de promover una cultura escolar basada en la mejora continua. La exigencia es por demás compleja pero resulta alentador sobre todo si se asume de manera colectiva en los espacios escolares.
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